Recientemente, un lector me contactó deseando saber cómo podía volver a disfrutar de la escalada. Se lamentó de que la pura alegría que sentía cuando comenzó a escalar había ido sustituido por el enfoque en su mejora de rendimiento. Se preguntó si sería posible volver a disfrutar sin sacrificar su progreso.

¿Tenemos que elegir entre mejorar y disfrutar? Inicialmente el lector disfrutaba de la escalada. Era un principiante con pocas expectativas de lo bien que se suponía debía actuar. La mayoría de nosotros podemos identificarnos con este estado de “mente de principiante”. Nuestra atención estaba libre dedicada a la actividad misma. A medida que mejoramos, sin embargo, un cambio en nuestra motivación se produce. Comenzamos a crear expectativas que se centraban en la rapidez con la que estábamos mejorando; En vez de lo divertido que lo estábamos pasando. Las metas se convierten en un nuevo enfoque, en lugar de la actividad en sí.

En general, el placer proviene de querer estar donde estamos. En Escalada, disfrutamos al relajarnos en escaladas más fáciles, tomando un descanso en nuestras zonas de confort donde nos relajamos. También nos gusta desafiarnos a nosotros mismos aumentando nuestros límites. Uno nos da la comodidad mientras que el otro nos tensiona. No son mutuamente excluyentes si consideramos disfrutar.

Sin embargo, nuestro gozo disminuye si permanecemos en el estrés o el confort demasiado tiempo. Considera el equilibrio necesario entre descansar por la noche y estar activo durante el día. Si descansamos demasiado tiempo nos obligamos a ser activos; Si estamos activos demasiado tiempo estamos obligados a descansar. Este mismo equilibrio es necesario en la escalada.

Prestamos atención a cómo estamos motivados para cambiar entre las dos situaciones,  sin forzarnos hacia una u otra. Si escalamos rutas más fáciles demasiado tiempo, comenzamos a sentir un deseo de desafiarnos a nosotros mismos. Si escalamos rutas desafiantes demasiado tiempo, comenzamos a sentir el deseo de escalar rutas más fáciles. Sintonizamos nuestra intuición para sentir cómo estamos motivados. Hacer esto nos permite disfrutar donde estemos.

Nos sumergimos en cualquier situación a la que nos motivamos encontrando formas de involucrarnos profundamente en ellas. Hacemos esto prestando atención en los procesos que ocurren en el momento. No pensamos en lo que se supone que estamos experimentando. Somos conscientes de lo que estamos experimentando. Pensar es un filtro que interpreta lo que se experimenta y lo mide según nuestras expectativas. Pensar interfiere con la forma en que estamos siendo motivados, lo que nos hace permanecer en el confort o el estrés demasiado tiempo y se convierten en desequilibrio. La conciencia nos conecta con el cuerpo, y nuestra intuición, por lo que estamos conscientes cuando es el momento de pasar de la escalada cómoda o a la escalada desafiante y viceversa.

El problema no es elegir entre mejorar y el disfrutar. Nos permitimos cambiar entre el estrés y el confort. Recuperamos la mente de principiantes disminuyendo nuestras expectativas que interfieren al aceptar el nivel en que nos encontramos. Tener la mente de un principiante ayuda al flujo de atención así nuestra intuición nos mueve. Nos sumergimos en la escalada, esperando encontrar algo interesante en el momento presente, no en un futuro destino.

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