¿Nos conocemos mejor que los demás nos conocen? La respuesta a esta pregunta puede parecer obvia: nos conocemos mejor. Sin embargo, nuestras debilidades se pueden escapar a la luz de la conciencia porque estamos demasiado cerca de nuestra propia experiencia. En el libro, Extraños a nosotros mismos, Ti-mothy Wilson enfatiza este punto.

La investigación en psicología social sugiere que podemos tener prejuicios y no prejuicios al mismo tiempo. A un nivel consciente, puede no justarnos ser prejuzgados, sin embargo, a un nivel no consciente, podemos actuar de manera prejuiciosa. Entramos en una cafetería, vemos personas distintas a nosotros y nos alejamos de ellas hacia mesas en las que hay personas más similares a nosotros.

Yo soy conocido por ser intrépido, basándome en rutas que he establecido que requieren mucho enfoque mental. En el pasado, até mi identidad a ser intrépido. Me hizo sentir más importante que los demás. He investigado mucho desde entonces sobre cómo le gusta al ego jugar el juego del “más importante”. Por lo tanto, en un nivel consciente, presto más atención a mantener mi ego bajo control. Sin embargo, en un nivel inconsciente, mis acciones pueden revelar esta creencia profundamente arraigada.

Por ejemplo, recientemente mi esposa Jane y yo fuimos a una tienda local de comestibles para comprar algo de comida. Caminábamos por un pasillo, acercándonos a un lugar donde se cruzan dos pasillos. Un empleado de la tienda empujaba un carro grande por el pasillo que cruzaba el nuestro. Ambos estábamos entrando en la intersección al mismo tiempo. Mi pensamiento inmediato fue que se detendría y nos deja-ría pasar primero porque “los clientes son más importantes que los empleados”. Esta es una creencia común que las empresas enseñan para mostrar un alto grado de servicio al cliente. Mi esposa se detuvo, pero yo seguí caminando, creyendo que él se detendría. En cambio, él continuó en la intersección con su carro grande, obligándome a detenerme.

Sentí que él estaba siendo irrespetuoso, lo que me irritó. Jane me observó el rostro y me regañó diciendo: “Estaba empujando un carro pesado. ¿Por qué no te detuviste y lo dejaste pasar? ¿Crees que eres más im-portante que él? “Mis acciones demostraron la vieja creencia de ser más importante, que era más podero-sa que mi pensamiento consciente de ver a las personas como iguales.

Las creencias profundamente arraigadas requieren conciencia para ir más allá. Podemos pensar que valo-ramos la ecuanimidad, pero se necesitan experiencias diarias y conscientes para vivirla. Hacemos esto estableciendo nuestros valores y luego creando prácticas diarias para cambiar lo que pensamos en lo que hacemos.

Podemos abordar esto de dos maneras. En primer lugar, desarrollamos técnicas de autoconciencia. Po-demos establecer nuestros valores sobre cómo queremos comportarnos y luego observarlos diariamente. Lo que es difícil, sin embargo, es desarrollar la posición del testigo, la capacidad de observarnos objeti-vamente. Operar desde la posición de testigo nos permite desconectar de nuestro pensamiento para poder observarlo. Esto aumenta la probabilidad de reconocer cuando caemos víctimas de viejas creencias.

En segundo lugar, otros pueden complementar nuestro proceso de desarrollo de la autoconciencia. Los entrenadores pueden ser particularmente útiles. Alguien fuera de nuestra experiencia directa puede ver los comportamientos habituales que practicamos durante muchos años y sugerir prácticas para ir más allá de estos.

El concepto de ser un extraño a nosotros mismos puede parecer raro, pero la vida es un proceso continuo en el aprendizaje de quienes somos. Las prácticas de autoconciencia y los comentarios de otros pueden guiar todo el proceso. Con la práctica consciente, podemos convertirnos en amigos de nosotros mismos. Nuestro pensamiento consciente y nuestra actuación inconsciente se pueden sincronizar sin que uno se superponga al otro.

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