Tuve una alumna que marcho de un taller que hice en Earth Treks en Rockville, Maryland, hace varios años, se llamada Nicole. Pregunté a los participantes al comienzo del taller qué esperaban aprender. Nicole dijo que esperaba superar su miedo a caerse. Comenzamos con los simulacros de caída, que consistían en tres incrementos: caídas cortas de segundo, caídas más largas de segundo y caídas de primero. Nicole dijo que no tenía miedo a estas las caídas y se resistió a hacerlas porque creía que lo que estaba aprendiendo no estaba relacionado con lo que pensaba necesitaba aprender. Así, cuando comenzamos con las caídas, Nicole ya no estaba. Ella había abandonado el taller.

Para comprender su decisión, un par de preguntas se vuelven relevantes: ¿Qué se requiere para que los alumnos aprendan efectivamente de los maestros? Y, ¿qué se requiere para que los maestros sean efectivos con sus alumnos? Es necesario que exista una sinergia entre la entrega a la formación por parte del maestro y la receptividad del alumno por la otra. El componente principal que aumenta esta sinergia es el compromiso del docente y el alumno en el proceso de aprendizaje en sí. El maestro se compromete a impartir la formación para que los alumnos aprendan de manera más efectiva. Los alumnos se comprometen a estar abiertos al aprendizaje. La efectividad de la formación es máxima una vez que el alumno y el maestro se comprometen de esta manera.

Epicteto fue un filósofo estoico que entendió la importancia del compromiso en la enseñanza. Estaba comprometido a hacer lo mejor para sus alumnos, pero tenía poco control sobre el compromiso que recibiría de ellos. Epicteto sintió que sus enseñanzas se desperdiciarían en aquellos que no reconocieran sus debilidades y que no estaban dispuestos a trabajar en ellas. Por lo tanto, esperaba que se cumplieran dos condiciones antes de enfrentarse a nuevos alumnos:

  1. Deseo sincero de beneficiarse de la formación.
  2. Comprensión de lo que implica un compromiso con la formación.

Al ser claros en estos dos puntos al comienzo de la capacitación, tanto el docente como el alumno optimizan el uso del tiempo.

He formado a miles de alumnos durante las últimas dos décadas. He tenido alumnos que obtuvieron mucho del entrenamiento, algunos ganaron un poco y otros parecían no ganar nada. Hay muchos factores que podrían contribuir a estos resultados. Me he comprometido a ofrecer una formación incorporando diversas formas en que los alumnos aprenden y por supuesto, todavía tengo más que aprender para mejorar la enseñanza efectiva. Sin embargo, los talleres que realizamos han sido muy refinados y estoy muy comprometido con la enseñarla efectiva cada vez que los ejecuto.

Los alumnos necesitan evaluar los dos puntos de Epicteto cuando consideran participar en el entrenamiento. Primero, el deseo sincero de beneficiarse del entrenamiento enfatiza la motivación. Necesitamos una razón poderosa para participar en la formación porque es estresante y cuesta dinero. Esta razón puede venir de varios lugares. A veces nos inspira un interés genuino por aprender. Otras veces necesitamos un impulso que proviene de la frustración, el miedo o un evento traumático. Ya sea inspiración o necesidad, es más fácil comprometerse con el entrenamiento que quedarse estacionado donde estamos. Cuando los alumnos se centran en el primer punto de Epictetus, están motivados para participar en situaciones de aprendizaje con mayor curiosidad y paciencia.

En segundo lugar, los alumnos deben comprender qué implica un compromiso con la formación. Esto apunta hacia la forma en como progresa el aprendizaje efectivo: tener paciencia para involucrarse con el estrés de manera incremental, prestar atención y confiar en el docente como guía del proceso de aprendizaje. Enfatizamos este proceso en nuestros talleres y usamos los simulacros de caídas para que los alumnos vivan su propia experiencia y validarla. Comprenden la necesidad de caer gradualmente, para mejorar la forma en que caen y así aumentar la atención en la tarea a medida que avanzan en los tres incrementos de caída. Sin embargo, si los alumnos están excesivamente motivados por sus logros, entonces no son pacientes y sus expectativas pueden interferir con los ejercicios y la confianza con el maestro.

Esto es lo que le sucedió a Nicole. Ella esperaba “superar su miedo a caerse”, lo que enfatizaba el resultado final que ella quería. No tuvo paciencia con las primeras caídas incrementales de segundo, deseando pasar rápidamente a las caídas de primero. No estaba aprendiendo lo que creía que debía aprender o de la manera en que cría que debería aprenderlo, el resultado fue su incapacidad en confiar en que yo le guiaba.

¿Cómo pueden los alumnos saber lo que necesitan aprender antes de aprenderlo? La respuesta es: no pueden. Está bien y de hecho es útil, ser escéptico. Uno nunca debe confiar demasiado en los maestros. Los maestros tienen sus propias formas imperfectas de enseñar o cómo entienden a los sujetos, por lo que el escepticismo es importante. Los alumnos también deben ser escépticos de su propia seguridad y no hacer ciegamente lo que los maestros les dicen que hagan, especialmente en la escalada donde pueden ocurrir lesiones graves. Pero, más allá de este saludable escepticismo, los alumnos deben confiar en que los maestros tienen mejores conocimientos de los temas tratados que ellos mismos.

El aprendizaje más efectivo ocurre cuando nos desenvolvemos completamente en estrés y voluntariamente permanecemos allí. En otras palabras, nos comprometemos completamente con el evento del aprendizaje. La duda sobre si debemos confiar o no en el maestro nos impide comprometernos completamente con los ejercicios que se nos pide que hagamos. Por lo tanto, los alumnos deben evaluar su compromiso antes de inscribirse y pagar la formación. Los docentes también deberían buscar formas de modificar sus estilos de enseñanza para ayudar a los alumnos a comprender lo que se les enseña. Juntos, el maestro y el alumno se enfocan en el proceso de aprendizaje en sí mismo al mantener el deseo de aprender, prestar atención y estar dispuestos a hacer el trabajo.

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