Un amigo mío me llamó la semana pasada y me preguntó si podíamos vernos. Él sabía que estaba pasando por algunos problemas y quería hablar para ver cómo podía ayudarme. Teníamos planeado reunirnos a las siete de la tarde del viernes. Cuando llegó, compartimos cervezas y hablamos durante 30 minutos. Entonces, algo interesante ocurrió en medio de un tema que estábamos discutiendo. Se puso ansioso, comenzó a hablar sobre su apretada agenda y su necesidad de ir a buscar a su novia para asistir a una fiesta más tarde por la noche. Sentí que ya no estaba interesado en mis problemas y estaba más focalizado en sus propias preocupaciones. Se volvió cada vez más incómodo, sus ojos se movían rápidamente y finalmente dijo que tenía que irse.

Todos tenemos vidas ocupadas. Nuestro tiempo se distribuye entre el trabajo, pasar tiempo con amigos y familiares, criar a los hijos, hacer actividades personales, etc. Parte de esa actividad es autoimpuesta. Vemos a otros haciendo cosas y sentimos que nos quedaremos atrás si no hacemos esas cosas también. Nos preguntamos si deberíamos escalar más o menos, si deberíamos casarnos o no, si deberíamos tener una familia o no. Tememos perdernos las experiencias de la vida, por lo que buscamos en el mundo externo pruebas de cómo vivir nuestras vidas. Como resultado, creamos horarios ocupados y nos apresuramos de una actividad a la siguiente.

Este miedo a perder puntos, apunta hacia un sentimiento de no pertenencia. Tenemos una necesidad natural de pertenecer a algo más grande que nosotros mismos. La ocupación hace que sea más difícil lograr esta necesidad. Nos apresuramos a nosotros mismos, pensando que hacer muchas actividades nos hará sentir más propios. Esto nos hace perder la conexión con lo que estamos haciendo en el momento. Esto es lo que pasó con mi amigo, estuvo presente durante 30 minutos, pero luego se puso ansioso porque temía no asistir a la fiesta. Su estrés visual me decía que ya no estaba prestando atención a mis quebraderos de cabeza.

Para obtener la pertenencia que necesitamos se requiere que cambiemos nuestra atención hacia nuestro mundo interno. Percibimos la actividad de la mente y la desaceleramos al prestar atención a lo que estamos haciendo en el momento y con quién estamos. Deseamos estar presentes relajándonos en este preciso momento. Notamos la actividad de la mente y cambiamos nuestra atención hacia el cuerpo al sentir que nuestros músculos se relajan, respiramos profundamente y mantenemos el contacto visual. Hacer esto nos pone en un estado receptivo y nos permite estar conectados y sentirnos mas propios.

Esto sucede también en la escalada. Creamos actividad haciendo una lista de las muchas rutas que queremos hacer. Tememos que no podamos escalarlo todo, así que nos apresuramos a nosotros mismos mientras estamos escalando. Por ejemplo, pensamos en la vía de nuestro proyecto mientras escalamos una ruta más fácil de entrenamiento. Luego, nos sentimos ansiosos por no terminar nuestra ruta del proyecto rápidamente, por temor a no hacer la próxima ruta que queremos escalar. Correr de una ascensión a la siguiente de esta manera hacemos que tengamos estrés visual, poco contacto visual con las presas y nos sintamos ansiosos.

Obtenemos evidencia de pertenencia al desviar la atención de lo que vemos que otros hacen en el mundo externo hacia nuestro propio estado interno. Hacer esto cambia el enfoque del miedo  a lo desconocido a querer estar en lo presente. Al prestar atención a la actividad de la mente, podemos controlarla. Unas de las cosas que podemos hacer es simplemente relajarnos, respirar y mantener el contacto visual con lo que sea que estemos haciendo en este momento. Esto conecta nuestra atención con la actividad que estamos realizando, lo que nos da evidencia de que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos. Conseguimos lo que tememos y es desconocido al querer estar en lo presente.

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